Entre lo vivido, lo aprendido y lo que sigue cambiando
En medio de un momento de pausa e incertidumbre.
Mientras estudiaba odontología en Venezuela, los constantes cambios en el país interrumpían el camino que parecía trazado. Fue en uno de esos silencios donde volví a lo que siempre había estado conmigo: crear con las manos.
A los 16 años, después de hacer mi propio vestido, entendí que no era solo un interés: era un lenguaje. Empecé a formarme de manera autodidacta y más tarde profundicé en patronaje y confección, confirmando que ese era mi lugar.
A un entorno rural donde el tiempo se siente distinto. Allí, en un pequeño taller, entre telas, silencio y naturaleza, empezó a tomar forma Tintoverano.
Trabajo con lo que ya existe.
Reparo, ajusto y transformo prendas para darles otra vida.
También diseño piezas únicas, desde materiales orgánicos y procesos conscientes.
Tintoverano no es solo una marca.
Es una forma de mirar la ropa y lo que hacemos con ella.
Vestirse puede ser un acto de expresión, pero también de responsabilidad.
De elegir con intención.
De habitar lo que llevamos puesto.